domingo, 2 de septiembre de 2012

MI PADRE Mi padre se despertó de una siesta para dormir un sueño eterno. Se rebeló contra la vida casi centenaria, con dientes de caramelo, con la mente anclada en un siglo de miserias y preñez de vidas desarboladas. Mi padre amó con ansia y la imprudencia del que no sabe que el mundo tiene maldades, con turbios cauces, sin instrucciones que seguir, con el corazón tierno y el puño de carbón. Mi padre soñó con la paz ganada con sudor y lágrimas, para acabar pidiendo otra paz más duradera, la que concluye con el último hálito de vida, porque sabía que Dios le esperaba para enseñarle las cuatro reglas, en la escuela del amor eterno.