sábado, 2 de febrero de 2013

Es otra noche silente, en la calma chicha de las olas con su vaivén de mecedora, las farolas, luciérnagas inmóviles, recitan impávidas su luz por las calles solitarias que en más de una ocasión jugaron con nosotros a las sombras tiernamente enlazadas. En mi mesa, como un retablo, se aturden los poemas ciegos por la pasión y el humo de mis cigarros. Contemplo tu rostro en las fotos del último verano, bañada de sol, ayuntados de ternuras y caricias que llegaban de lejos, de otros sueños con aroma de mar en tu piel aderezada de canela. Y poco a poco te leo entre líneas, párvulo fraseo de tus pensamientos, cuanto me has querido a pesar de los delirios. Es una noche que anda en el tronco de mis sentidos, adivinándote en el silencio desmayado de tu sueño desnudo, y mi vigilia de escritos enredados en el canto de los gallos de la madrugada. Manuel García Rodríguez

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