lunes, 23 de enero de 2012
EL AÑO DEL DRAGÓN
Estoy mirando a Oriente, a China. Siento la inmensidad de su espacio, la sensualidad de sus sedas, la fragilidad de sus jarrones hermosos y a veces un tanto agobiantes, la indescifrable mirada de sus ojos rasgados, el inquietante poder de la Ciudad Prohibida, la desmesura de la Gran Muralla cuajada de trabajo y sangre, los campos de arroz y el pensamiento eterno de Confucio clamando por las tradiciones, la música, la meditación, y las mejores virtudes "El hombre más noble es digno, pero no orgulloso, el inferior es orgulloso, pero no digno". Me produce inquietud el recuerdo controvertido de su reciente historia política, desde Chiang Kai-Shek, exiliado en Taiwan, hasta Mao Tse-Tung, y su revolución comunista a través del campesinado chino. Luces y sombras de un pasado milenario a un presente encaramado al mundo de las grandes economías del mundo. Un país por descubrir. Unas gentes que llegan como Marco Polo al otro extremo del mundo. Hombres y mujeres que se instalan y trabajan creando mitos urbanos. Un país superpoblado, multicolor y ruidoso en sus celebraciones, aunque nosotros no se lo podemos reprochar. Y una mitología que sazona la celebración del Año Nuevo con nomenclaturas que a los occidentales nos parecen sacadas de las historias de los cómics. Este año, es el año del Dragón que es un símbolo zodiacal de un ser mitológico formado por partes de nueve animales diferentes, siendo el nueve el número de la fortuna. El Dragón es relacionado con el agua, la abundancia de hijos, el poder y la autoridad que emana. Por todo ello y por mucho más, China saluda a este mundo globalizado con un año más, y ya son miles, tantos como 4709. Entremos pues en la celebración con la danza del dragón "Wu Long", y arriba con los Faroles.
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