lunes, 9 de enero de 2012
La Revolución pendiente
La sociedad vive convulsionada por la crisis económica, por la violencia y por las profundas injusticias entre otras muchas desazones. Aún así seguimos discutiendo, parloteando sobre esto y aquello sin profundizar. Nos hemos instalado en lo banal y en la falta de conocimientos; resultamos frívolos, superficiales, endogámicos, sectarios; elevamos a la categoría de famosos a los más ineptos y hasta inmorales, sin ningún tipo de valor referencial eligiendo en ellos a la estulticia por encima de los que crean, investigan, trabajan, o nos brindan generosas vías de pensamiento. Hemos perdido de vista los valores de la cultura, del saber, del espíritu, y del humanismo en su conjunto. Me permito opinar que incluso muchos de los graves problemas que acucian al mundo, dejarían de existir si volviésemos la mirada al humanismo, y hacía nuestro interior, para desarrollar cualidades y sentimientos que nos enriquecen a todos. Hemos visto crecer y desaparecer el comunismo de la antigua URS, hemos abrazado al capitalismo tanto como lo hemos criticado, hemos vuelto al neoliberalismo, hasta sin Keynes, hemos creado el monstruo de la globalización, hemos desarrollado el mundo de la comunicación hasta niveles insospechados, y todo va en progresión geométrica, todo muy de prisa. Pero yo me pregunto ¿ porqué no nos paramos a reflexionar ? ¿porqué no somos capaces de dar un nuevo enfoque a todo esto que hacemos y que nos pasa por encima como un ciclón? Lao Tse el fundador del taoísmo, apostaba por la mutación pacífica del mundo y por una mirada hacia dentro intentando identificarse con el principio del ser. También nuestros grandes místicos nos proponían esa mirada interior. No voy a entrar en toda la extensión de estos planteamientos, no hace falta en este comentario, pero si tenerlos como referentes. No podemos perder la importancia de lo que es la mujer, el hombre, como seres individuales antes que colectivos, y pensemos que satisfacer el espíritu enriquece la esencia de las cosas, y devuelve el equilibrio a lo económico, a la política, a la justicia, dando respuestas necesarias frente a la barbarie de la necedad y el materialismo más descarnado. Tal vez, digo, y solo tal vez tenemos que pensar que nos queda la única revolución pendiente: la espiritual, despojada de los pesados ropajes de las doctrinas religiosas que fanatizan por que se han puesto al servicio del poder, olvidando esa esencia a la que me refería, la del espíritu. No pretendo ir en contra de los nuevos procesos y desafíos de este siglo, solo pretendo llenar de contenido nuestro pensamiento, y tener valores que orienten nuestra conducta, y si no como suelo citar parafraseando a Lorca, "que las iguanas vivas vengan a morder a los hombres que no sueñan"
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