Tengo el alma desnuda bajo la lluvia que empapa.
en el poniente solloza dorado y violeta
por mi alma inerte, asustada.
Busco tu mirada incierta, ausente.
Quedan agridulces los recuerdos,
margaritas que descuentan si, no, mi esperanza,
la vida amada entre tus senos morenos
de cereza y ámbar.
El aire no me alcanza.
Tu voz ansiada, bálsamo y escarcha.
Rondo tu casa como un lobo en celo
prendido de tus enaguas.
Silencio, no me despiertes, no digas nada,
se ha dormido el ángel que me habitaba.