Dónde recoger la sal de mis ojos absortos,
como panegírico de la locura;
mientras ríos de hormigas
me encienden por dentro.
Hay un dios fatalista que controla mi vida,
lenguas vivas sobre la piel degollando la ternura y
un camino de Sísifo alentando sin tregua mis pasos.
No hay metamorfosis,
solo un calendario contable, sin gracia,
que no libera del monótono goteo del infortunio,
ni de los torpes formularios de la nada,
ni de la impúdica cartelería de los necios,
ni de la inutilidad de los folletos
que me dieron los dioses cuando nací,
incapaces de señalar otra geografía,
otro tiempo.
Y por demás, no te tengo, no te alcanzo,
con la sabiduría de haberme equivocado en todo,
con un diccionario de erratas por metáforas,
y un sueño repetido que me canta
en la rutina de los días,
una copla que dice que todo carece de sentido,
ni siquiera tú,
ni la figura cabal de un hombre con sombrero.
No hay comentarios:
Publicar un comentario