Dulces y redondas bocas
anuncian,
la llegada del verano.
Rotunda simetría de tus formas,
delicado y estilizado alabastro
de pie o yacente,
que guarda sub iudice tus anhelos,
poemas y pecados,
en la excitante indolencia de los días.
Crótalos tus ojos y tus senos
que tantas veces me derribaron.
Geometría en vuelo tus manos
inventando la danza en cada gesto
sobre mi cuerpo estremecido;
el tuyo gentil, turgente,
insurgente.
Mitología nubia el envés de tus caderas,
y un sin fin de detalles
que yo conté
como buen lacayo.
Dulces y redondas bocas
que anuncian besos.
La brisa entra en la alcoba
con su fragante transparencia,
agitando los velos de tu cuerpo.
Es la hora de la desnuda siesta.
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