jueves, 5 de abril de 2012

ELLA

Recorre espacios infinitos. Poco le importa el cauce, aunque siempre lo alcanza. Se peina transparente entre las piedras, las cascadas y las fuentes. Y canta. Se solaza en los remansos y los estanques, declama versos y trovas, ríe y parlotea mientras discurre entre la enramada con los peces del alba. Rumorea por los márgenes alentando de verde largas pestañas y los susurros de los amantes mientras se bañan. En ella la ondina Carisia, repite su amor con el romano acurrucados en el lago violáceo del Otoño. Ella es la vida. Esencial, fértil, viajera de todas las tierras que pastan margaritas, hierva fresca, gallardos chopos, rebaños de mesnada, pozos con entrañas, palafitos, ánades y garzas. Abunda los espacios, se hace nube preñada de cristales como lágrimas, une continentes con titánica fuerza salada, navega, descarga puertos y luego descansa yendo y viniendo por las playas. Y en los inviernos de guante frío se viste de blanco como una novia de raso y diadema de escarcha, como un hada pulcra, recorriendo los valles, las montañas y los turbios caminos urbanos. Ella calma mi sed. Ella como el agua.  

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