Detrás de cada rincón amanece el tacto de las emociones
que allí dejamos.
Detrás de cada emoción el recuerdo,
sin complejos, sin ropajes,
desnudo como tu carne enamorada,
que me regalo el vicio de desearte
y dormir abrazado a tu cintura.
Detrás de cada luna llena,
la sensación de haber mordido
debajo de tus enaguas,
la carne nacarada de tus muslos.
Detrás de cada noche los sueños diferentes y bucólicos,
abren los remansos del huerto
con el aroma de las higueras
y las siestas de impúdica adolescente sobre mi vientre.
Detrás de cada pensamiento, la barbarie del lenguaje
escrito sobre tu espalda con intenciones desaforadas,
con las manos rebosadas por tus pechos
conjugando el verbo desear.
Detrás de cada ausencia, la historia de una vida añorada,
perdida para las caricias y los secretos,
que dejó algunas fotos,
dos o tres poemas que nunca podrás leer,
algunas preguntas sin respuestas
y sobretodo un rescoldo canalla que no perdona.
Detrás de cada día, una forma perversa de acabar,
la existencia en un reloj,
inexorable en su tic tac de horas ausentes,
con el recuerdo de camas vacias, de caricias sofocantes,
de mántras sin kundalini, sin la oportunidad para romper
la distancia que habita
entre tu boca y mi boca.
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