sábado, 31 de marzo de 2012
ES UN DÍA DE SOL
Es un día de sol y aire limpio. Es un día que me muere el alma. En días así la soledad duele mucho más. No hay caricias, ni palabras amigas, ni metáforas con los pies descalzos. El sol sigue ufano y tus manos son ceniza sobre mis párpados. No me llamaras. Yo no estaré. En mi pecho hay un fragor profundo, el dolor de todos los naufragios y en mi cabeza el ala del sombrero solapa mi llanto. Es un día raso y mar agitado. Aún así las gentes solazan sus cuerpos desnudos sobre vivos colores, frente a las olas bravas que trajo la marea de la tarde. Mis ojos mendigan al sol contando los pasos sin dirección señalada, hurtando al horizonte su razón de ser. Me hablaste de la mezquindad de mi vida a tu lado, del abandono, del uso desmedido de mi ser contigo, me negaste muchas veces. No hubo ni gallo ni saetas. Me quedé abrazado a tu sombra. El día me dejó huellas imposibles. El día me dejó una tacha aquí en el pecho, con madera y corona de espino, la lanza no fue la de Longinos, bastó con el desprecio, los óleos para el sudario una crema de manos. El día va cayendo poco a poco, ocultándome de los sentimientos y las bacanales, del dolor que me dejó tu rencor, tan distante del amor que un día me regalaste; y me cobijo desamparado en tu gesto, en tus ojos y en tu boca que me besa antes de dejarme morir. En un día como hoy, no creo en Dios.
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