miércoles, 7 de marzo de 2012

LA PALABRA

Tengo el sonido de la palabra como un estigma vivo
en la geometría del alma.
Amo su impulso generoso, el raudal de las emociones
que brotan creando imágenes góticas.
El devaneo de sus horas tórridas,
los pensamientos sonoros que inventan el surrealismo,
la brisa de una oración siseante,
el tormento de un grito desgarrado o las preguntas
agnósticas de algún genoma.
Detrás de cada discurso un flujo labial y palatal,
sella la boca de los amantes que a media voz
recitan su deseo infinito,
ajenos a los alisios de su marea llena,
generosa y ronca.
Narra el verbo en claves herméticas,
los secretos alentados
por las sonatas de los bardos bebedores de hidromiel,
mientras bordan con versos la belleza
de las hijas de Aquitania,
y el pensamiento viaja en palabras heréticas
                                                 y clandestinas.
Tengo el sonido de la palabra corriendo
por los canalones del alma.
Tengo la voz y la palabra.
Tengo el sonido primigenio
                          que brota de las entrañas,
y aún me queda un susurro para decir
                                                   te quiero.

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