Como zángano perezoso del espíritu,
declino mi salmo en pos de otras mejillas rosáceas
como una puesta de sol en un mar distante.
Irreverente y desolado, transito el espacio tiempo con la pulcra
melancolía del que no esta enamorado,
rehago las páginas de un cuento y filtro versos de ausencias
como goteras en un desván abandonado.
Y de nuevo tu voz a capella, como un chelo de angora
enredado entre mis piernas.
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