jueves, 1 de marzo de 2012
EVOCACIÓN
El día es soleado. El primer café de la mañana me dejó tu recuerdo con la mirada prendida en tu cuerpo displicente, aún con las entretelas del sueño ronroneando en tus gestos, con el aroma de tu carne perezosa y tibia. Volví a evocarte acurrucada entre mis brazos, aceptando mis caricias cuerpo a cuerpo hasta el último suspiro. Volví a sentir que estaba vivo a pesar del tiempo transcurrido arrojado de tu tálamo. Allí flamígero se endurece dolorido el ángel de lo prohibido, a su pesar, por que no entiende cual fue el delito. Han pasado las estaciones y sigo fiel y desnutrido de cuerpo y de alma, como el ermitaño que solo se alimenta de lo intangible. El aire es cálido en este invierno cruel, disfrazado de lentejuelas que me guiña la pena con máscara de Carnaval, y siento ganas de decirte que el viaje es lo que importa, sin medir el riesgo, sin escuchar al ayer errático, solo el instante acariciado en cada poro del alma y de la piel, sintiendo que todo es nuevo, porque apenas contemplamos el camino de paso a cualquier parte. No importa llegar, si no sentir, no importa tener, importa emborrachar los sentidos como la absenta en los bohemios de nuestros iconos, hasta decir ¡ basta ! no cabe en mi más emoción, solo la paz de tu mirada, el reposo de la luz rojimalva del atardecer servido en lontananza, mientras nos hacemos cóncavos, inseparables, generosos, unívocos frente a la adversidad, al tiempo y sus mesnadas. Apuro el último sorbo de café, respiro el aíre del mar que me circunda cómplice de nuestros arrebatos, y camino con paso corto hasta la arena, me tiendo y sueño que no ha amanecido todavía. As time goes by.
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