Nuestro ángel, cuando menos el mío, tiene las alas desgastadas de tanto cobijar la vida en carne viva. Se ha dejado la pasión en cada esquina del brazo del amor y otras locuras. Y como yo dice: Mira debajo de mi camisa y encontrarás un corazón a jornada completa, con los labios siempre hambrientos, y las manos llenas para sacar de paseo la ternura.
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